Regio Deporte
El fútbol amateur de Nuevo León atraviesa uno de sus momentos más grises, desdibujando la gloriosa historia que alguna vez lo colocó en la cima del balompié nacional. Aquella época dorada, recordada con fervor, giraba en torno a los Torneos Estatales, auténticas vitrinas de talento donde las selecciones de las ligas, armadas con los mejores de cada equipo, se batían en la cancha.
El premio era mayúsculo: el conjunto campeón no solo obtenía la gloria local, sino el derecho de asistir al Nacional para medirse con la élite del país. Esta misión elevaba la exigencia al máximo, llevando a que el campeón estatal se reforzara con los jugadores más destacados del propio torneo, creando una súper-selección invencible.
- Consecuencia de la Excelencia: Los títulos nacionales comenzaron a llegar en cascada. Nuevo León se convirtió en una potencia imparable y un modelo a seguir para el resto de las entidades.
La Caída a la Mediocridad
Lamentablemente, esa época de bonanza y disciplina ha quedado sepultada. La debacle, según voces expertas, se debe a una mezcla tóxica de malas dirigencias, envidias mezquinas entre clubes y la arrogancia de algunos entrenadores y, lo más preocupante, de padres de familia. Esta combinación hundió el fútbol estatal y lo mandó a ser “uno más del montón”.
El Talento vs. El Dinero
La situación actual ha llegado a un extremo crítico. Hoy, la representación estatal se busca a través de la publicidad, lanzando convocatorias a jugadores que deseen portar la camiseta de Nuevo León. La dura realidad es que a estos llamados acuden, en su mayoría, aquellos con solvencia económica, incluso si su calidad futbolística es limitada.
Esto se debe a los magros apoyos gubernamentales y a la escasez de patrocinios, haciendo que el costo de representar al estado recaiga en los propios atletas o sus familias, privilegiando el bolsillo sobre el talento genuino.
La estirpe de los verdaderos Estatales, donde solo la calidad abría la puerta, parece haberse extinguido.

