Por Regio Deporte
MONTERREY, N.L. – En el fútbol amateur hay reglas escritas y otras que se forjan con carácter. La Liga de la CNOP, con su disciplina casi política, tenía una máxima inquebrantable: el calendario se respeta, sin importar lo que diga el cielo.
No importaba el sol canicular, los ventarrones de “febrero loco”, el frío que calaba los huesos o los aguaceros de mayo. La orden para el árbitro era clara: el partido se juega, fuera como fuera.
Felicidad bajo la lluvia Los campos aledaños a Morones Prieto eran testigos de batallas épicas. Ni los insultos de los automovilistas por el tráfico, ni terminar bañados en lodo importaban. Para esos guerreros del fin de semana, no había “terreno malo”; la satisfacción de cumplir con el equipo y la felicidad de jugar bajo la lluvia valían más que cualquier uniforme limpio.

