Juan Ordaz Córdova
Era el momento de presumir sus mejores garras, ya que los equipos se presentaban con sus nuevos uniformes y por esos ayeres se estilaba llevar la madrina del equipo, una guapa señorita, ramo de flores en mano, que daba el toque de belleza al evento.
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Y claro que los piropos se dejaban escuchar al por mayor, pero todo dentro de un buen respeto, que a final de cuentas, era lo que caracterizaba al evento, además que los mismos jugadores custodiaban que no se fueran a pasar de la raya.
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En el estrado de honor, el profe Rodolfo Ríos, maestro de ceremonias, daba santo y seña de los equipos que pasaban desfilando y resaltando los detalles de cada uno, lo que era apreciado por el resto de los participantes.
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Hay que resaltar que, no solamente se trataba de equipos uniformados y bellas madrinas, también cada uno se esmeraba en llevar pancartas y su respectiva mascota, algunos con perros, gatos, o simplemente los niños futbolistas.

