MONTERREY, N.L. — Nuevo León, entidad que durante décadas fue sinónimo de potencia y hegemonía en el deporte nacional, atraviesa hoy una de sus crisis más profundas. Lo que alguna vez fue una maquinaria imparable de títulos, hoy es una estructura fracturada que ha perdido su identidad y su dominio.
La Época Dorada Aunque el “boom” del fútbol tras el Mundial de México 70 trajo consigo una infinidad de ligas que inicialmente no fueron captadas, la historia cambió radicalmente en 1980. Con la llegada del Lic. Francisco Cantú a la directiva, se inauguró la verdadera “época de oro” del fútbol estatal.
Bajo su gestión, la estadística era abrumadora: de siete torneos nacionales disputados al año, Nuevo León conquistaba cinco. La asociación era un referente de orden y calidad, un legado que Mario Villarreal supo mantener con dignidad durante su periodo.
- Se abrieron los Estatales a clubes directos, restando fuerza a las selecciones de liga.
- Los clubes comenzaron a negar jugadores a las selecciones.
- Los campeones estatales asistían a los nacionales sin refuerzos.
El inicio de la debacle El punto de quiebre llegó con la administración de Tomás Galarza. Fue aquí donde se tomaron decisiones que desmantelaron la competitividad del estado:
Las consecuencias fueron inmediatas y desastrosas: Nuevo León pasó de ser el rival a vencer, a ser humillado y eliminado en fases tempranas de los torneos nacionales.
Una realidad insostenible Pese a los esfuerzos de directivos posteriores como Heriberto Ledezma y Raúl Sánchez, la caída libre no se detuvo. La gestión actual de Jorge Cuéllar ha presentado algunos resultados, pero los expertos coinciden en que estos logros son fruto del trabajo individual de clubes y academias privadas, más que de una estrategia federativa sólida.
Los números actuales son la prueba irrefutable del colapso:
- De más de 50 ligas afiliadas, hoy no llegan ni a cinco.
- De más de 30 colegios de árbitros, sobreviven apenas dos o tres, operando sin orden ni calidad.
La conclusión es amarga: Nuevo León, aquel gigante que miraba a todos desde la cima, hoy, por falta de visión y orden, es tristemente “solo una más del montón”.

