El Nolo
Continuamos con Libro “La Tauromaquia en México” por Antonio Navarrete.
Cesar Girón
“Este hispanoamericano con aires de sevillano y nombre de emperador”, como lo denominó un poeta andaluz en su época de mayor fama, llegó a España con apenas algunas novilladas toreadas en Venezuela, llevando sólo una vaga cara de recomendación para Fernando Gago, hermano de Andrés, como él gran banderillero retirado y en aquella época de mediados del siglo dedicado al apoderamiento de toreros.
Si Andrés apodera a la gran figura mexicana Arruza, Fernando se encarga de la increíblemente difícil tarea de hacer un torero, así sea a partir de la mejor materia prima: un muchacho muy joven que va al toro, con una inteligencia clarísima y unos deseos de triunfo en tal difícil arte que sean capaces de hechizar tanto a los cornúpetas como al público.
Son los tiempos de novilleros españoles tan buenos como “Antoñete”, “Jumillano”, “Pedrés” y Montero, pero Girón compite y triunfa. Arruza hace viaje desde México casi exclusivamente para darle la alternativa en Barcelona en octubre de 1952, y en la próxima temporada invernal viene a México, donde inmediatamente demuestra sus grandes cualidades de valor y dominio, que le permiten lograr un toreo alegre y variado.
Sin embargo, aquella temporada mexicana está marcada por la competencia de toreros tan extraordinarios como Luis Miguel, Ordoñez, Manolo González, Dos Santos, “El Ranchero” y Arruza, de modo que César, en dos actuaciones capitalinas, apenas se nota cuando le corta la oreja al de su confirmación en México. Pero era mucho torero.
Regresa al país varias veces y se impone en todas sus corridas, a pesar de que el público empezaba siempre por impacientarse al verlo partir plaza con el brazo derecho tieso en posición horizontal, como si reclamara su atención en vez de tratar de convencerlo con su torero.
En particular, en la corrida de la Prensa de la temporada 1960 -61, corta las orejas y los rabos de sus dos toros de Tequisquiapan, convenciendo a todos de que había sido capaz de alcanzar el máximo dominio de su arte. Aún joven, rico, divorciado recientemente de su esposa francesa, emprende negocios como empresario taurino de su ciudad natal, Maracay.
Sale de ahí hacia La Victoria un día de octubre de 1971 conduciendo un pequeño Volkswagen rojo. Igual que las otras dos grandes figuras taurinas dirigidas por los hermanos Gago, Arruza y Dos Santos encuentran la muerte en la carretera, solamente para confirmar que el destino no evita insistencias ni casualidades.
Continuará… Olé y hasta la próxima.

