El Nolo
Continuamos con Libro “La Tauromaquia en México” por Antonio Navarrete.
Luis Castro “El Soldado”
Durante aproximadamente 15 años, en la década de los años treinta y mitad de los cuarenta, México iba olvidado el proceso revolucionario, y las terribles guerras y dificultades surgidas en otras partes del mundo se veían como problemas muy remotos, en los cuales nuestra participación más efectiva consistía en abrir los brazos a refugiados de todo tipo, porque aquí había lo necesario para nosotros y queríamos darnos el lujo de compartirlo.
Éramos un país joven lleno de posibilidades y esperanzas, donde si bien las noticias de la política nacional e internacional llenaban las páginas de los periódicos, tanto o más importante era la noticia acerca del cartel para el domingo siguiente en El Toreo, ya fuera durante la temporada veraniega de novilladas o la invernal de corridas de toros. Nuestro clima, famoso siempre, completa aquel cuadro paradisiaco, donde no se hablaba de la semana de 40 horas de trabajo, y si en cambio de muchas especies de diversión para antes y después de los toros, o entre uno y otro de los acontecimientos que representan casi siempre las corridas.
En 1932 debuta “El Soldado”, un muchacho nacido en Mixcoac, que desde luego se distingue por tener dos atributos muy apreciados en el arte taurino: el valor y la personalidad. Forma pareja con “El Ahijado del Matadero” y toreando con él y con otros como Garza, Zepeda y “El Vizcaíno” llena la plaza varias veces. En el invierno inmediato toma la alternativa de manos de “Cagancho” y

